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Hombres contra la mutilación genital femenina

6 de Febrero de 2017

Bilbao incorpora a ocho varones de origen africano en el trabajo de prevención de la ablación

Para descubrir los efectos negativos de la mutilación genital femenina, Lamine Diawara (Ziginchor, Senegal, 1983) tuvo que cruzar el mar en kayuko y vivir más de cinco años en España. “¿Quién era yo para poner en duda una tradición que ha pasado de tatarabuelas a nietas y que me decían que hasta en el Corán se citaba?”. Bastó una charla informativa hace tres años, un lunes por la tarde, en la sede de Médicos del Mundo en Bilbao para abrirle los ojos. “Hasta ese día, jamás había oído hablar a una mujer africana sobre el tema y menos hablar de una forma tan negativa por los dolores físicos y psicológicos que le había provocado”. Ese mismo día discutió en la charla, defendió su práctica y terminó el día llamando a Senegal por teléfono. “Comprobé que era cierto: que en el Corán no se citaba nada, que mis hermanas también sufrían todo tipo de consecuencias negativas en sus cuerpos y que la raíz de la práctica son los celos de los hombres”. Desde entonces, Diawara se ha convertido en un agente activo desde el País Vasco contra la mutilación genital femenina (MGF) con lo mejor que sabe hacer: la música y el teatro.

Lamine Diallo (Guinea-Conakry, 1974) necesitó más que una charla. Hace un año fue invitado por el Ayuntamiento de Bilbao a un curso de formación sobre el tema. En concreto, al primero que se celebraba con hombres africanos. Diallo accedió y junto con otros siete varones cumplió las 15 horas del programa de formación durante seis días. “No me lo podía creer: no hay fundamento religioso para justificar la mutilación, ni lógica en las creencias culturales”. A los pocos meses, convocó una asamblea en la Asociación que preside de guineanos en Bizkaia para hablar del tema con todos y plantear la posibilidad de una jornada informativa. “Antes del curso jamás hubiera querido casarme con una mujer que no estuviera mutilada, ahora me avergüenzo de estas creencias”. Ya prepara las segundas jornadas formativas en su asociación pero ahora con los guineanos de todo Euskadi el próximo mes de abril.

El curso en el que participó Diallo forma parte del Programa Integral de Prevención de MGF del Ayuntamiento de Bilbao que ya ha formado a 71 personas desde 2013, de las cuales 63 son mujeres. Tras la formación, los asistentes adquieren el compromiso de participar e impulsar actividades de información tanto en sus organizaciones como en sus círculos más cercanos. “Para este año, los cursos se van a intensificar por la buena acogida y por la demanda de nuevos colectivos”, asegura la técnica de Inmigración del Área de Igualdad, Cooperación, Convivencia y Fiestas del Ayuntamiento de la ciudad vasca, Goizane Mota Gago, responsable también del Protocolo de actuación contra la MGF.

“El enfoque de género y la interculturalidad nos hacen pioneros. No buscamos articular medidas punitivas sino prevenir con formación y accediendo a todas las comunidades en riesgo”, remarca. Diferentes instituciones internacionales ya se han interesado en la experiencia formativa y en el protocolo de intervención interinstitucional. Entre ellas destacan, ONU Mujeres Alemania —“para trabajar con población refugiada”— y World Future Council de Hamburgo.

Mientras tanto, 223 niñas menores de 15 años podrían seguir en riesgo de sufrir la mutilación genital femenina en Bilbao, 900 en el País Vasco, 17.000 en España y más de 200 millones han sido ya mutiladas en los 30 países de África, Asia y América en los que todavía se practica.

“Muchos piensan que si tu mujer no está mutilada, va a ser ninfómana porque nunca serás capaz de satisfacer su apetito sexual. Y te será infiel”, asegura Seydou Togola (Mali, 1872), presidente de la Asociación de Malienses de Bizkaia y también uno de los ocho primeros hombres formados como agentes activos de prevención. En su caso, ni su mujer, ni su hija han pasado por la ablación, pero no era consciente de la gravedad de su práctica.

“Hay que erradicarlo como sea, es una manera de agresión contra las mujeres y de limitar su salud”, señala. Ahora entiende por qué muchos de sus compatriotas prefieren no viajar con sus hijas a Mali durante las vacaciones. “Muchos tienen miedo de que durante el verano sus tías o sus abuelas las mutilen para mantener viva las tradiciones y limpiarlas”.

Médicos del Mundo ha impulsado una campaña de sensibilización para estos casos en los que anima a firmar un contrato entre los pediatras y las familias para que se comprometan por escrito a realizar un revisión a sus hijas a la vuelta. “El proyecto se llama Un viaje con compromiso y ayuda a las familias a poner todos los medios en sus países para que no las mutilen”, señalan sus impulsores. “Sin embargo, a los mayores de la familia les da igual que puedas ir a la cárcel por esto. Lo consideran una limpieza del alma de las niñas”, explica Togola.

Michael Addo (Benin, Nigeria, 1966) está más tranquilo. Sabe que en Nigeria sólo en el ámbito más rural se practica. Él participó en el curso invitado también por el Ayuntamiento al llevar más de 20 años en la capital vizcaína y ser un hombre respetado y conocido entre la población inmigrante. “Todavía estoy conmocionado. No me gustaba la práctica, pero tampoco veía necesaria combatirla por sus arraigadas raíces religiosas y culturales. Pero ahora que he visto que el mapa de los países que lo practican y ha comprobado que la razón religiosa no tiene ningún fundamento, me atrevo a criticarlo y atacarlo”, enfatiza. Ese mapa de los países donde se realiza la ablación lo lleva siempre consigo. “Muchos países de mayoría musulmana no la realizan: ¿qué hacemos nosotros defendiéndolo?”.

Por eso, Addo ya no se calla y siempre que puede lo habla: bien por teléfono con los suyos, bien en persona con sus compatriotas en el País Vasco. Eso sí, es consciente de que llevar el cambio de mentalidad hasta el ámbito más rural de los países como Nigeria, Malí, Senegal o Guinea-Conakry llevará más tiempo y más esfuerzos. “Toca ser pacientes y muy delicados. Nadie realiza la mutilación para hacer sufrir, se realiza por creencias culturales muy arraigadas”.

Con ese planteamiento y esa delicadeza, el Ayuntamiento de Bilbao formó a Addo, Diallo y Togola. Con esa misma delicadeza Diawara lo habla en sus talleres con Médicos del Mundo y con esa sensibilidad piden todos ellos que sea abordado.

En esa línea, la capital vizcaína pone a disposición 13 profesionales de diferentes ámbitos para atender los requerimientos de intervención. “No queremos que se convierta en un motivo de rechazo cultural, sino que se trate siempre con enfoque de género y respetando la diversidad cultural”, explica la responsable del protocolo de actuación. Una demanda a la que se suman las organizaciones que como Médicos del Mundo trabajan en ello. “Nadie quiere hacer sufrir a sus hijas de forma gratuita, pero desconocen completamente el alcance de sus consecuencias”, añade Marisa Sanz, coordinadora de movilización social de Médicos del Mundo en el País Vasco y responsable del primer diagnóstico elaborado en el País Vasco sobre el tema.

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Hecho con Juanfran Díaz