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Nuevas Paternidades: una revolución afectiva

10 de Diciembre de 2014

El debate sobre la cuestión de la paternidad viene ganando espacios en diferentes sectores de la sociedad. La mayoría de las veces, el foco de las discusiones recae sobre los efectos positivos o negativos de los padres en la vida de los niños y sus madres. Nadie negaría que un padre presente, cariñoso y que comparte las tareas de cuidado con su compañera, o con la madre de los niños, contribuye tanto al bienestar de ambos como a la construcción de una sociedad con mayor igualdad entre los géneros. Pero, vayamos un poco más allá, y enfoquemos nuestra atención en los posibles significados de la paternidad para los hombres.

Para acercarnos a estas reflexiones, es necesario pensar sobre el patriarcado, el machismo, la heteronormatividad y cómo nuestra cultura continua reforzando roles estereotipados de mujeres y varones que delegan sobre los últimos el ejercicio desigual de poderes y privilegios. En este sentido, además, se afirma que los hombres y las masculinidades están social y culturalmente construidas, en estrecha relación con el hecho de que nuestra sociedad naturaliza la violencia física como forma de vincularse entre varones, sospechando (y hasta reprimiendo) a un hombre que ama a otro hombre, o que cuida de la casa y de los hijos mientras que su pareja trabaja.

Por su parte, las mujeres cuentan con una larga trayectoria de movilización por sus derechos, encarnada en la lucha por diferentes movimientos feministas, que ha desembocado en una verdadera revolución cultural y de costumbres. Es interesante destacar que esta revolución se dio y se da, en gran parte, en y hacia las calles, es decir, en los espacios públicos, políticos, en el trabajo, fuera de la casa, para la educación formal, sin repercutir necesariamente sobre las relaciones íntimas.

Aunque en el caso de los varones las acciones y medidas de esas características son aún tibias, algunos varones venimos tomando parte en una revolución similar, pero que se da hacia “dentro”, hacia una forma de convivencia intrafamiliar más equitativa y armoniosa, y también, hacia el reconocimiento de que podemos expresarnos con sensibilidad y delicadeza, rechazando cualquier tipo de violencia y viviendo libremente nuestras emociones y afectos.

Es aquí donde la paternidad, construida históricamente sobre imágenes negativas asociadas al mantenimiento y transmisión de reglas y normas, puede ser leída con un gran potencial transformador.

En la medida en que nos involucramos plena y afectuosamente con la gestación y el parto de nuestras parejas, o en la adopción de nuestros niños, mucho más allá de enfocarnos solamente en el desafío que estas situaciones representan para nuestras economías familiares, estamos dando un paso firme hacia masculinidades más cálidas y flexibles. Esta paternidad ampliada, que implica desde la decisión conjunta de gestar nuestros hijos, hasta las consultas ginecológicas compartidas, el acompañamiento del parto y todos los desafíos y placeres posteriores, relacionados con la crianza de los niños y niñas, puede ser una fase necesaria hacia una profunda reflexión y consecuente mutación en relación a las formas por las que expresamos y encarnamos nuestras masculinidades. Así planteada, la paternidad puede representar, para nostros los varones, una revolución de nuestra vida afectiva, el comienzo hacia una profundización de nuestra sensibilidad, delicadeza y cuidado, que de apoco vaya involucrando una nueva forma de habitar todas nuestras relaciones.

Sin embargo, para que esa revolución ocurra, no alcanza con la acción particular o colectiva de individuos, es necesario exigir políticas públicas que valoricen el involucramiento de los varones en la paternidad, comenzando por la ampliación de la licencia por paternidad de los absurdos cinco días actualmente vigentes hacia un mínimo de un mes. En cuanto esto no suceda, las mujeres continuarán siendo cristalizadas en el lugar de las responsables de la vida íntima y afectiva durante la crianza, y este continuará siendo un “no lugar” para los hombres.

Afortunadamente, en algunos lugares en donde esta lucha recién comienza a visibilizarse, se van logrando avances en materias de extensión de derechos, como es el caso de Brasil. Al parecer, el 09 de diciembre de este año, el proyecto de Ley Nº 6.998 será presentado en la Cámara Federal. Este proyecto busca trazar nuevos lineamientos para las políticas públicas en Primera Infancia (que incluyen desde el período de gestación hasta el sexto año de vida) definiendo acciones específicas. Dentro de las propuestas más importantes se encuentran la de ampliar la licencia por paternidad a un período de quince días (que a pesar de no ser un plazo de tiempo significativo para la crianza del niño, representa una mejora del escenario actual) y la defensa del derecho del padre a ausentarse de su trabajo sin prescripción de salario para poder asistir a las consultas ginecológicas prenatales y pediátricas. Desafortunadamente, esta iniciativa ha generado la organización y protesta hacia dichas medidas por parte de sectores cuyos argumentos denuncian que las mismas perjudicarán la situación laboral y económica.

No obstante, estas lecturas meramente económicas son superficiales y desacertadas, ignorando que, entre otras cosas, la participación responsable y afectiva de los padres con el embarazo, y con sus hijos e hijas, contribuyen a embarazos y partos más seguros, fortalecen la lactancia materna, reducen el estrés y la depresión posparto en sus compañeras, amplía la red de apoyo y potencia el desarrollo saludable de los niños, redistribuyendo además las responsabilidades y tareas en el hogar. Son muchos los estudios nacionales e internacionales que confirman estos aspectos positivos, destacando además la importancia de tal participación en la lucha por un mayor empoderamiento de la mujer, reduciendo la desigualdad de género y garantizando márgenes más amplios para el bienestar, no sólo de las mujeres, sino de los niños, las niñas y los varones.

Ahora bien, ¿cuál es el impacto financiero de la desigualdad de género en la economía de Brasil? Varios sectores del gobierno así como organismos no gubernamentales han reconocido y actuado en función de ésta noción ampliada de paternidad. Por ejemplo, la Coordinación Nacional de Salud de los Hombres, dependiente del Ministerio de Salud, ha tratado de visibilizar y concientizar sobre la importancia de involucrar a los varones en todas las etapas del embarazo, así como con el cuidado y desarrollo de los niños. Para ello ha llevado adelante tareas de sensibilización con profesionales de la salud, tanto hombres como mujeres, reflexionando sobre el tema y su impacto en la igualdad de género; en este sentido, el Ministerio ha desarrollado la campaña "Padre presente: cuidado y compromiso." implementada durante más de un año, visibilizando y concientizando que todo el proceso de embarazo – preparto, parto y posparto – también son cosas de hombres.

Después de décadas de debate y acción sobre la igualdad género, las masculinidades y la paternidad en Brasil, es tiempo de que estas problematizaciones sean reconocidas por todas y todos con la importancia política y el potencial social que les corresponden. En cuanto a nosotros, los varones, creemos firmemente que este camino de la paternidad, más allá de la felicidad que involucra, puede hacernos ver, como dice Pepeu Gomes, que ejercer nuestra "femeneidad" no nos hace daño ni nos hace menos hombres. Incluso podemos apostar a más, y reconocer que más que perjudicarnos o resultarnos doloroso, esto puede mejorar nuestras experiencias de ser y hacernos varones, como cantara Mano Brown, "¿Qué es lo difícil cuando el corazón es vulnerable?". El gran Gilberto Gil nos invitó a reconocer que la ilusión de ser hombres no es suficiente, que el mundo de lo masculino no es cerrado ni autosuficiente. Quién sabe si por fin, con todos estos pequeños pasos, vayamos a permitirnos, como Gonzaguinha, nuevos deseos, nuevas suavidades, otras palabras, nuevos afectos, ternuras y abrazos.

*Daniel Costa Lima es Psicólogo, Magister en Salud Pública, consultor y activista en el área de género, masculinidades, salud de los varones y prevención de violencias basadas en género.

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Hecho con Juanfran Díaz