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¿Ocaso del patriarcado?

25 de Mayo de 2017

Existen razones para pensar que el patriarcado está en decadencia. Que el machismo –tan atacado y vilipendiado- está de capa caída. Y que el patriarcado, como expresión cultural de la dominación de los hombres sobre las mujeres, tiene los días contados. Una reflexión crítica sobre este fenómeno que podría cambiar el curso de la historia.

El patriarcado es uno de los vocablos más utilizados no solo por las feministas y la academia, sino por el lenguaje cotidiano. El patriarca, incluso, es una palabra en desuso y me salió en verso-, y ha quedado para los literatos como Gabriel García Márquez, en su famoso ‘Otoño’, que recordó a un emblemático dictador de estas tierras macondianas.

El paterfamilias
Pero el tema de fondo es otro: discernir si el antiguo paterfamilias todavía pervive en estos lares, y si es necesario recuperar algo de su significado, no para exultar su nombre sino para sepultarlo.

Como todos sabemos, en la antigua Roma el paterfamilias era reconocido como el hombre = cabeza de familia. Y como tal, tenía una serie de privilegios y derechos –homo sui iuris- que en la práctica se traducían en el gobierno autoritario sobre personas y bienes que pertenecían a su ‘casa’. Esta singular supremacía del macho sobre los demás estaba refrendada por la ley, que le atribuía la capacidad jurídica para obrar por su voluntad en relación a la patria potestad sobre su mujer, sus hijos y los esclavos que eran ‘alieni iuris’. Como ciudadano jurídicamente independiente, el ‘pater’ podía disponer de los derechos patrimoniales a su arbitrio y de las personas bajo su mando, a través de una serie de ‘potestades’.

¿Qué es el patriarcado?
El Diccionario de la Real Academia Española define el término patriarcado como la ‘organización social primitiva en que la autoridad es ejercida por un varón jefe de cada familia, extendiéndose este poder a los parientes aun lejanos de un mismo linaje’. Y el término patriarcalismo como la ‘tendencia a la autoridad patriarcal (ejercida autoritariamente con apariencia paternalista)’. En otros idiomas, como el inglés, el término patriarcado no se limita a las organizaciones sociales primitivas, sino a todas las organizaciones sociales en las que existe un desequilibrio de poder entre varones y mujeres, en favor de los primeros.

En el ámbito cultural latinoamericano, el patriarcado se asocia a la pretendida tendencia machista que es característica de esta región –y por extensión a todas las regiones del mundo-, que refuerza la idea del predominio del varón sobre la mujer, y que ha dado lugar a desequilibrios lingüísticos, sociales, económicos, culturales, religiosos, políticos y ambientales. En otras palabras: a una exclusión planetaria, que se expresa en inequidad de género reconocida por estudios académicos (históricos, psicológicos, sociológicos y antropológicos) y organismos internacionales, como las Naciones Unidas.

La doble moral
La mitad de la humanidad está constituida por mujeres. Ellas paren por igual a hombres y mujeres, sin embargo, se da la paradoja que la mayoría de mujeres se halla excluida de derechos fundamentales, y en muchos casos en rangos de esclavitud y sumisión. La mujer, ¿proletaria del hombre?

Las investigaciones apuntan a visibilizar los hallazgos y los resultados son preocupantes: la Encuesta Nacional de Relaciones Familiares y Violencia de Género contra las Mujeres, preparada por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC 2011), concluye que ‘en el Ecuador 6 de cada 10 mujeres han vivido algún tipo de violencia de género, y el 76% de las mujeres ha afrontado algún tipo de violencia por parte de su pareja o ex-pareja’.

También se registra –según la misma fuente- que el 92% de los homicidios de las mujeres son feminicidios o existen sospechas de serlo. El 64% de los feminicidios son cometidos por parejas o exparejas. El 48.7% de mujeres víctimas de violencia por parte de sus parejas vive en las zonas urbanas, mientras que el 48.5% en áreas rurales. El 81% de las mujeres divorciadas sufre violencia, frente al 31% de las mujeres solteras. El 53.9% de mujeres afronta violencia psicológica, mientras que la violencia física ocurre en 38% de los casos. El 70.5% de las mujeres entre 16 y 20 años sufre más violencia. Y el 63.2% de las mujeres, de cualquier nivel socio-económico, vive diversas formas de violencia.

Estas cifras nos llenan de vergüenza. El Ecuador es uno de los países con más altos índices en feminicidio o asesinato de mujeres, así como de violencia contra la mujer ¿Qué está sucediendo en nuestra sociedad? ¿Una doble moral en ciernes?

El problema del poder
Las causas de este macro problema son polisémicas. Y las soluciones complejas. Los antropólogos hallan la etiología en el carácter primario de los seres humanos y el surgimiento del poder, a raíz de la pareja y la supuesta condición de ‘dominador-dominada’; los biólogos, en las características cromosómicas y la constitución de los genes XX y XY, y las famosas mitocondrias; los psicólogos, como una cuestión comportamental, que tiene orígenes profundos en la etología o comportamiento animal; los sociólogos, en las relaciones de las familias.

En todas las disciplinas científicas se observan situaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres, que no se resuelven exclusivamente con el ejercicio de derechos, sino con el cumplimiento de deberes correlativos, que deben ser observados en diversos ámbitos: la familia, la educación, el trabajo, la política, la cultura, los medios de comunicación y las leyes, por supuesto.
Una alternativa real en este punto sería considerar que las mujeres accedan a más espacios de poder en la política (hay casos emblemáticos al respecto), donde las mujeres demuestren sus propias capacidades y promuevan cambios verificables, no en dirección exclusiva de las mujeres sino de mujeres y hombres por igual.

Igualdad entre mujeres y hombres
‘En julio de 2010, la Asamblea General de las Naciones Unidas creó ONU Mujeres, la Entidad de la ONU para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer. Al hacerlo, los Estados Miembros de la ONU dieron un paso histórico en la aceleración de los objetivos de la Organización en materia de igualdad de género y de empoderamiento de la mujer. Con la nueva agenda mundial 2030 aprobada por los Estados Miembros de la ONU, las mujeres tienen papeles protagónicos por cada uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) propuestos, así como la manera en la que las mujeres y las niñas son actores fundamentales para alcanzar cada uno de estos’.

‘En base a la visión de igualdad de la Carta de las Naciones Unidas, ONU Mujeres se propone trabajar en pro de la eliminación de la discriminación en contra de las mujeres y las niñas; el empoderamiento de la mujer; y el logro de la igualdad entre las mujeres y los hombres, como socios y beneficiarios del desarrollo, los derechos humanos, las acciones humanitarias y la paz y la seguridad’.

Ocaso de la cultura patriarcal
Se sabe hoy con certeza que el enemigo de la humanidad no es el hombre (macho) sino la pobreza. Y que las causas de la pobreza no son de origen divino, sino creadas por los seres humanos, a través de sistemas fácticos. Si es así, la denominada ‘masculinidad hegemónica’ no tiene sustento; tampoco las ‘nuevas identidades’ asociadas a los procesos de liberación de las mujeres.

Pasaron a la historia las teorías que intentaron justificar la opresión de las mujeres. Sobre todo aquella –tantas veces repetida- que corresponde a Platón, quien decía que ‘el varón tiene alma racional; por lo tanto, es inmortal, y que la mujer no posee alma racional, pues es un hombre disminuido e incompleto. La esencia de la mujer es el útero… Por lo tanto, el varón es naturalmente, ‘más apto para el mando que la mujer...’

La cultura patriarcal en el siglo XXI está en retirada. La equidad y la igualdad ontológicas, sin condiciones, y las prácticas sociales, políticas, económicas y culturales no dependen de las concesiones de los varones, sino de la dignidad –derechos y deberes- de las mujeres.

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Hecho con Juanfran Díaz