25 de noviembre Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

Juanfran Díaz
25 de Noviembre de 2021

Los hombres tenemos mucho por hacer, no solo este día, si no todos los días. Tenemos la necesidad moral y emocional de cuestionarnos nuestro papel en la defensa de las mujeres, pues es nuestro papel el que incide actívamente en la creación de una sociedad más equilibrada, segura y libre, o más alienada, temerosa y opresora. Este Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer no es una celebración, es una bofetada a nuestros egos masculinos, a veces de hegemonía, otras de indiferencia, otras de justificación.

No tienes que mirar muy lejos para conocer a alguna mujer que ha experimentado sufrido alguna situación de acoso verbal, físico, emocional o sexual, o alguna mujer que ha sido infravalorada, o alguna mujer cuya reputación han pisoteado, o alguna mujer que ha sido considerada ‘menos’ por el hecho de ser mujer. Una vecina, una conocida, una amiga, una hermana, una madre, una hija.

Las mujeres tienen que vivir la inconsciencia, la cobardía y la indiferencia de cientos (miles) de hombres que, directa o indirectamente, cometen actos que las perjudican. Compartir fotos de tu ex en el grupo de WhatsApp, reír los chistes machistas de tus amigos, irte de putas, insistir a esa chica en la discoteca cuando te ha dicho que “no”, espiar en su móvil, infravalorar los logros de tu mujer... No es necesario pensar únicamente en el asesinato, las violaciones, el matrimonio infantil o la ablación genital.

A veces las conductas más sutiles o con menos cargas sociales suponen un maltrato inmenso en las dimensiones emocionales, físicas o sexuales. Me pregunto «¿qué nos lleva a tratar así a la Mujer? ¿por qué miramos para otro lado?». Que un hombre tenga una infancia violenta o sea víctima de abusos podría explicar estas conductas, pero hay hombres con un pasado estable que realizan estas conductas. ¿Acaso se nos olvida que venimos de una gestación de nueves meses en el vientre de nuestra madre? ¿O que son las mujeres las que, culturalmente, crían y educan a nuestros hijos? ¿O que las mujeres son, en esencia, sagradas?

En mi opinión los hombres lidiamos con una carcasas de aparente fortaleza que contienen una profunda inseguridad. Nada que nos cuestione esta fortaleza o que nos haga conectarnos con nuestra inseguridad puede ser tolerado. Si algo demuestran las mujeres es una admirable superación. Y las mujeres nos confrontan, abierta o sutilmente, con nuestras partes más frágiles, inmaduras, dudosas y, finalmente, asustadas. Esto lo entenderá el hombre que ya tenga un recorrido previo de autoconocimiento e interesado en su identidad masculina. Otros hombres, parapetados en sus justificadas ideas de «yo no soy maltratador porque nunca he pegado a una mujer» o «es que siempre nos meten a todos en el mismo saco», podrán sentirse señalados injustamente.

Estoy acostumbrado a recibir críticas de otros hombres radicales por estos comentarios. ‘Mangina’ me llaman los hombres de la (lamentable) ‘manosfera’, como un traidor a mi género. Lo que no pueden imaginarse es lo que amo a mi género, el hombre, y lo que me entristece descubrir lo perdidos que estamos. Los extremos no son buenos para nadie, como tampoco las posturas que colocan a las mujeres como las causantes del sufrimiento de los hombres. Cierto es que hay mujeres maltratadoras, que las leyes pueden posicionarse ciegamente a favor de mujeres también perdidas, o que existen más beneficios legales para ellas pero ¿cuánto tiempo llevamos los hombres sometiendo a las mujeres? No defiendo que una mujer pueda salirse con la suya al denunciar falsamente a un hombre por agresión, como no defiendo que los hombres creamos que no hemos manipulado, coaccionado, menospreciado, agredido o asesinado a las mujeres.

Como hombres que podemos ser más honestos con nosotros y nuestras consciencias, tenemos una misión de revisar nuestro paso por el mundo, la sociedad, la familia y las relaciones. Que las mujeres sean feministas o se manifiesten libremente no es un atentado contra nuestra masculinidad, es un recordatorio de la opresión que hemos cometido contra ellas. Y a nadie le gusta saberse mala persona, tampoco a nosotros. Sin embargo, no es una cuestión de ser ‘malas personas’, si no de ser conscientes de nuestros pensamientos, sentimientos y, al final, conductas. En un día como hoy, tan cercano al pasado 19 de noviembre Día Internacional del Hombre, más que nunca, debemos alzar nuestras manos como gesto de profunda admiración hacia la Mujer.

¿Qué haces tú por proteger y defender a las mujeres? ¿Cuánto empeño pones en crear un entorno más consciente? ¿En qué medida te acobardas frente a posturas más agresivas de otros hombres? ¿Qué acciones sientes necesarias en ti para acercarte a comprender mejor este día? Gracias a todos, a todas, por contribuir al despertar de la verdadera consciencia masculina.

Soy Juanfran Díaz, un hombre en el camino del autoconocimiento, un explorador de las emociones y la energía humana. Desde 2011 acompaño a hombres conscientes en su propio descubrimiento, como terapeuta y analista bioenergético.

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