Porno y erotismo (parte 2)

Juanfran Díaz
31 de Marzo de 2021

En la parte 1 de este tema ya hablé sobre los antecedentes del porno y su manifestación cultural y en la publicidad, también sobre algunos efectos en la mente del hombre aportando datos estadísticos, y un acercamiento a las aplicaciones de ligue o las sexcam. Voy a centrarme ahora en la ausencia del erotismo en el hombre.

Cegados por el porno

Existe una idea generalizada de que el porno es algo “sucio” e incluso se es un “pervertido” si se consume. El porno se asocia con conductas o cualidades poco deseables, como si fuera algo despreciable, y, a menudo, los hombres que consumen porno, sin darse cuenta, interiorizan dichos juicios, es decir, se identifican como “despreciables”. Conozco a más de un hombre que ha tenido mejores experiencias sexuales masturbándose viendo porno que con su pareja habitual. Entonces ¿es el porno tan negativo? ¿debemos estigmatizarlo?

Lo que sabemos es el gran impacto que el porno tiene en la sociedad, la cultura y la educación sexual. Negarlo sería como decir que en África no hay negros o que en el Vaticano no hay abusos. El porno existe porque existe la humanidad y porque existen los tabúes, los mitos, la censura y la represión. Y el porno es una manifestación de todo aquéllo que ni se explica ni se aborda naturalmente. De ahí las abundantes recreaciones de lo sexual a través de las culturas y las artes. El arte y el cómic erótico y el hentai (hetero) / yaoi (gay) japonés son una muestra de ello.

Para mí el porno suscita tanto interés porque habla de aquéllo que nadie habla: del sexo, de la sexualidad, del morbo, de las fantasías, del erotismo. Y de ahí que podamos confundir el porno con realidad, pues el porno se alimenta de este imaginario y de estas fantasías que casi nunca se materializan. ¿Podríamos imaginar el éxito de “Cincuenta sombras de Grey” en un mundo donde el sexo fuera tema habitual de conversación entre padres e hijos, mientras vas de compras con tus amigas, visitando a tus suegros, o con esa persona desconocida en una conversación en la parada del bus?

Lo que tengo claro es que el porno, como manifestación sociocultural, puede ser útil hasta cierto punto, sabiendo diferenciarlo del encuentro sexual real. Es aquí donde siento que el porno puede causar grandes conflictos, y donde se confunde la propia sexualidad con un referente irreal. En este sentido el porno deja al hombre sin recursos, pues es absorbido por un “mundo” de promesas y fantasías donde se puede perder. Miles de mujeres y hombres a su alcance, desde el monitor del ordenador o del teléfono, accesibles, disponibles, “materializando” sus deseos. Esto es mucho para la psique, demasiado.

Y el porno tiene la cualidad de estimular solamente la vista. Vemos porno en soledad, en silencio, a escondidas, rápidamente, con una mano en el pene y la otra en el ratón o el teléfono. Sólo importa la imagen visual, el sonido está desconectado para que no le descubran, y el olfato, el gusto y el tacto están totalmente anulados. Además, suele ser un consumo sentados o tumbados, el cuerpo está inmóvil sin ejecutar la pulsión orgánica desde la pelvis. Es desde aquí que el porno ciega y anula la sexualidad masculina.

Porno vs. erotismo

Ante esta situación ¿cómo nos manejamos los hombres con el erotismo? En general...

  • El erotismo apenas está explorado activamente, somos más sujetos pasivos receptores.
  • La creatividad está limitada, no hay curiosidad ni recursos.
  • Los sentidos han perdido relevancia, aunque la vista ocupa un papel importante.
  • La sensibilidad está reducida a los genitales.
  • El porno es cosa de “machos”, el erotismo es cosa de mujeres.

El erotismo para el hombre es un producto más a consumir, como lo es el porno. Los hombres hemos dejado de lado lo erótico amparándonos en la creencia de que el erotismo es algo más femenino y que debe llegar desde afuera. Así, nuestra capacidad erótica ha quedado reducida a los genitales, la penetración y, como mucho, la felación. En esta generalización existen matices, por supuesto, es sólo una forma de reducir a pocas palabras lo que sucede en muchos hombres.

Sí hay hombres que cultivan su vertiente erótica, jugando con prendas de ropa, olores, saboreando fluidos, potenciando lo sutil... pero ¿cuánto tiempo dedicas tú a erotizarte sin buscar una erección/eyaculación? ¿qué sucede con el erotismo que nos convertimos en meros espectadores? ¿por qué nos cuesta invertir energía y tiempo en crear erotismo desde nuestros propios recursos?

Creo que lo erótico está íntimamente ligado con la sensibilidad y, a su vez, con la creencia de que el erotismo es algo femenino, por tanto, ni “sensibilidad” ni “femenino” son términos que concuerden con la imagen estereotipada que del hombre se da y se espera en la sociedad. Y de los hombres homosexuales podríamos creer lo contrario, pero en lo gay existen muchos hombres que se definen como “activos” y “machos” huyendo de esta sensibilidad.

Pero ¿por qué es tan importante que el erotismo esté presente en los hombres?

Al reencuentro del erotismo

El hombre que vive su sexualidad desde lo erótico (y no tanto desde lo pornográfico) es un hombre a) que se conoce a sí mismo, b) que es sensitivo y es sensible, c) que su creatividad está al servicio de su placer, y d) que es capaz de manejar su energía sexual. Vamos punto por punto.

a) “Conocerse a sí mismo” es un reto para muchos hombres, y en la sexualidad más aún. Indagar en la propia sexualidad y personalidad va a favorecer la transición del sexo pornográfico a la sexualidad erótica, donde sensaciones, emociones y deseos van a conjugarse enriqueciendo la experiencia del placer sexual.

b) Ser un hombre erótico es estar abierto a las sensaciones, a los sentidos y a los sentimientos. Tres S fundamentales para experimentar una sexualidad más amplia y satisfactoria. Las sensaciones del cuerpo y de la piel van a aportar un mayor registro de placer y excitación, los sentidos van a incrementar el juego erótico a través del olor, el sabor, el oído y el tacto (la vista ya está bastante desarrollada), y los sentimientos van a proporcionar una cercanía con la ternura, tan necesaria y beneficiosa para nosotros. Nada tiene que ver tu erotismo con tu orientación sexual o con tu energía sexual.

c) Cuando nos damos permiso para estar en lo erótico, la urgencia y la exigencia de lo pornográfico desaparece: podemos dedicarnos tiempo a las caricias, podemos experimentar con juegos, podemos percibir otros registros de los que antes no reparábamos... Podemos ser más creativos, saliendo del patrón fijado por el porno.

d) Finalmente, la energía sexual puede ser sostenida por el hombre, no será urgente descargarla (con la eyaculación), y podrá recrearse y  transformarse en olas de placer intenso. Como tal, esta energía ya no estaría localizada en los genitales exclusivamente, si no que podrá extenderse por todo el organismo. Manejar la energía sexual es fundamental en los hombres para vivir una sexualidad más global y satisfactoria.

 

Termino este texto recordando que el hombre tiene un camino por delante, en su sexualidad y en su forma de estar en el mundo, que el porno no es el demonio, y que es bueno para la salud física, mental y emocional tener una sexualidad integrada. Gracias por tu lectura.

Soy Juanfran Díaz, un hombre en el camino del autoconocimiento, un explorador de las emociones y la energía humana. Desde 2011 acompaño a hombres conscientes en su propio descubrimiento, como terapeuta y analista bioenergético.

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