El dolor de las “terapias de conversión” en hombres gays y queer (ECOSIG)

Juanfran Díaz
1 de Mayo de 2021

Terapia de conversión, terapia de reorientación sexual, terapia reparativa, terapia exgay, la cura gay, terapia de deshomosexualización... las ECOSIG: Esfuerzos para Corregir la Orientación Sexual y la Identidad de Género. Muchos nombres para un mismo concepto: curar la homosexualidad. Lamentablemente, aún siguen existiendo estas “terapias” que atentan contra la integridad física, emocional y mental de miles de personas en el mundo.
Este es un asunto que a los hombres nos toca de cerca, pues la identidad y la orientación sexual y la expresión del género están, hoy en día, en constante evolución. Como hombres podemos hacer mucho: primero por apoyar a las personas que se sienten mal, presionadas o acosadas por su atracción hacia el mismo sexo o su forma de mostrarse ante el mundo; y segundo por empezar a asumir en uno mismo aquéllos deseos y conductas que están estigmatizadas y perseguidas.
Son muchos los hombres que atiendo en consulta debido a este tema, que lo sufren a escondidas, silenciosamente, por años, y con miedo a que se descubra y, también, a cambiar su estatus.

Pongamos orden en las ideas...

¿Qué son las ECOSIG?

Son pseudoterapias centradas en alterar la identidad y/o la orientación sexual, y/o la expresión del género ya que consideran la heterosexualidad cis como la única identidad, orientación y expresión del género válida. Tienen sus orígenes en el Siglo XX tomando relevancia con los experimentos nazi en hombres gays. Inicialmente se basaban en lobotomías, sesiones de electroshock o castración (y castración química), añadiendo después la exposición a contenidos pornográficos homosexuales como terapia aversiva, la ingesta de hormonas o la hipnosis.
Huelga decir qué tipo de mentalidad está detrás de estas pseudoterapias, teniendo a menudo el apoyo de las instituciones religiosas católicas, como el movimiento “exgay” que maneja cifras millonarias.

Históricamente, la homosexualidad ha sido perseguida en varias épocas, con castigos, cárcel o pena de muerte, con diferentes banderas políticas y religiosas. Hoy en día todavía hay países que penalizan y matan a homosexuales, y Rusia se ha erigido fuertemente contra la homosexualidad. Debemos tener en cuenta que ser homosexual se consideraba un trastorno y enfermedad mental hasta que la OMS la eliminó en 1990 del DSM. Y, durante muchas décadas, se ha etiquetado la conducta homosexual como “degenerada”, “invertida”, “pervertida”, “desviada”, “promiscua” o “viciosa”.

El (enorme) daño de las ECOSIG

Las ECOSIG se sirven de los eufemismos, las teorías y los argumentos religiosos para difundir su misión. Me llama la atención el de “AMS”, siglas de “Atracción hacia el Mismo Sexo”. Desde la iglesia católica evitan usar “gay” u “homosexual” alegando la carga política y la reducción al cuerpo físico de ambas, mientras que su “AMS” identifica a personas englobando su espiritualidad. Lo que no llegan a ver desde sus miras es el gran número de personas que viven atormentadas debido a su “atracción hacia el mismo sexo” y cómo su religión condena dicha atracción.
Un chico (o chica) homosexual que convive en una familia católica de fuertes convicciones puede llegar a pasarlo realmente mal, ya su homosexualidad se trata como si fuera una enfermedad a curar, y desde las instituciones religiosas se promueven seminarios para curarla.

Muchos son los testimonios de hombres que han acudido a seminarios y clínicas que prometen la cura de la homosexualidad, y han vivido auténticos calvarios, no por ser homosexuales, si no por verse abocados a un proceso de confrontación, culpabilización, avergonzamiento y estigmatización. Charlas con mentores, lecturas, confesiones delante de los demás, desnudez en público, o hasta exorcismos. Las prácticas de estas clínicas son diversas, los resultados nefastos: personas que ya de por sí viven con una confusión absoluta, baja autoestima, culpa y vergüenza, se someten a procesos pseudocientíficos que potencian la ansiedad, la depresión y, en ocasiones, el suicidio.

Pero la fe no es exacta y hasta en las mejores familias hay ovejas negras. Gurús de la cura gay han desertado y denunciado sus propias prácticas, como McKrae Game, Michael Bussee, John Paulk o Alan Chambers por poner algunos ejemplos, que pidieron perdón por el daño causado por sus «peligrosas» pseudoterapias. Sin embargo, aún existen personas que aseveran que la homosexualidad es una enfermedad y que se puede curar, conocidos son el norteamericano Richard A. Cohen y el chino Zhou Zhengyou, ambos denunciados por las propias instituciones de psicología y llevados a los tribunales. En España tenemos nuestra propia gurú cuyo nombre me niego a promover, también denunciada por el Colegio de Psicólogos español y ya enfrentada a la justicia. Lamentablemente ahí siguen los tres, difundiendo su propaganda homófoba...

Te recomiendo estas películas que ilustran estos calvarios de la “cura gay”: Fixing Frank, Oraciones para Bobby, Identidad borrada (de la que escribí este artículo), Temblores o La (des)educación de Cameron Post.

No puedo negar que me indigna este asunto y me doy cuenta del tono de toma este artículo. Las ECOSIG atentan contra las libertadas humanas, las elecciones personales y los derechos fundamentales. Manipulan, someten y agreden. Son causa de sufrimiento, conflicto y suicidio. Y son ilegales. Si buscas “terapias de conversión” vas a encontrar amplia información y noticias sobre ellas. Yo me centraré en el aspecto emocional.

¿Hay algo que curar?

Está claro: la HOMOSEXUALIDAD no es una enfermedad ni un trastorno, por tanto no tiene que “curarse”. Hombres con vidas heterosexuales me comentan como, por fin, asumen su homosexualidad y deciden hacer algo con eso. Otros, atormentados y aterrados, eligen seguir en su autoengaño. ¿Se han hecho o han nacido homosexuales? Sinceramente, me da igual, puesto que no siento un problema ser homosexual, igual que no lo es ser heterosexual. Para mí la orientación sexual, así como la identidad sexual o la expresión del género, no son asuntos a “tratar” ni a resolver, son aspectos inherentes a nuestra naturaleza.

Partimos de la base que no existe un absoluto, por mucho que algunos grupos digan lo contrario. La sexualidad es fluida y dinámica, puedes tener sexo toda tu vida solo con mujeres, pero pensar en hombres cuando te masturbas. O pudiste vivir experiencias homosexuales en tu adolescencia y luego sentirte cómodo y libre en tu heterosexualidad. O ser heterosexual y ser penetrado con un dildo por tu pareja mujer. O ser homosexual y tener relaciones puntuales con mujeres. Y así un largo etcétera. Kinsey ya exploró esta fluidez y confeccionó la “escala Kinsey” para ubicar a sus encuestados, aunque hoy en día se queda algo limitada, ppero fue un gran avance en la apertura de unas perspectivas hasta entonces muy cerradas.

Si atendemos a lo que se vive socialmente, una persona homosexual se puede sentir rara (como mínimo) al compararse con el modelo estandarizado que se muestra abiertamente: heterosexual cis. Rara porque sus sentimientos son opuestos a la norma social. Pero se puede sentir más confuso, inseguro y avergonzado cuando socialmente se señalan a los homosexuales. Dicho de otra manera, ser homosexual de base puede ser realmente difícil en algunos contextos sociales y culturales. El camino que miles de personas realizan desde su homosexualidad es abrupto: familias que los rechazan, agresiones en la calle, burlas en el colegio, secretismo en el trabajo, leyes que los condenan... religiones que los acusan. ¿Cómo no van a sufrir las personas homosexuales? Con estas bases, muchos chicos homosexuales ya viven con ansiedad y depresión, con un alto riesgo de suicidio; muchos hombres hetero están casados y practican “cruising” furtivamente; y muchos gays conviven con una homofobia interiorizada.

Si sumamos a todo esto una pseudoterapia que te confronta tus deseos y pensamientos, te manipula haciéndote creer que te pasa algo malo y que “Dios no te amará siendo gay”, te somete a vejaciones y procesos retraumatizantes... entonces el daño psíquico y emocional está garantizado. Personas con una identidad desmoronada, una baja autoestima, cero confianza en sí mismas, una autoimagen distorsionada... ¿No será entonces que estas personas necesitan otro tipo de terapia? ¿No será que los gurús están aterrados, rígidos e intolerantes ante otras expresiones de la sexualidad? ¿No será que lo que hay que curar es la HOMOFOBIA?

Afortunadamente cada vez más somos los terapeutas que promovemos una terapia afirmativa (o psicología afirmativa gay), con la cual tratar los sentimientos de culpa y vergüenza desde la autoaceptación y la normalización de los sentimientos y deseos, sean cuales sean. Se trata de poder integrar lo que hemos vivido (y sufrido) para empezar a experimentar una salud mental y emocional con confianza, alta autoestima y una sexualidad libre, sana y satisfactoria.

Los homosexuales y transexuales, como los hetero, requieren de libertades para ser y vivir como son y aceptación por parte del resto. Nada más. Una utopía como esta (hasta hoy) pasa por familias que apoyan y acogen a sus hijos gays y trans, sociedades que viven con normalidad un abrazo o un beso entre dos hombres (o dos mujeres) en la calle, colegios que abrazan la diversidad sexual, empleos donde mostrar la orientación sexual abiertamente como cualquier otra persona, estados que igualan los derechos fundamentales y condenan a los homófobos, religiones que hacen lo que predican: “el amor al prójimo” ...dioses que no tienen nada que perdonarnos.

 

PLUS: Historia del colectivo LGBT

Soy Juanfran Díaz, un hombre en el camino del autoconocimiento, un explorador de las emociones y la energía humana. Desde 2011 acompaño a hombres conscientes en su propio descubrimiento, como terapeuta y analista bioenergético.

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